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Revista El Silencio [Sección Opinión, Columna Voces desde El Silencio]

El Silencio: Circunstancia, generación e historia.

·Jorge BRIONES·

Nacaveva me trajo “El Silencio” no pude evitar silenciarme. El título me provocó. Nacaveva lo supo y lo expresó con esa espontaneidad gozosa que no podía dejar de tener, como mi hijo, como cualquier joven: “Bueno,... es que... ese es su título ... pero”. Eso fue todo. Entendí, o creí por lo menos entender, en esa humana circunstancia, lo que el título proponía. ¿Recurso lúdico?. Sus contenidos: frescos, alegres y antisolemnes. Asomo de la analogía: “El Silencio” me parecía como una huelga de hambre para reclamar satisfacer el hambre, ni más ni menos, ¿silencio para reclamar más silencio?...

Los referentes generacionales se hicieron inevitables para reivindicar el silencio como actitud rebelde, propuesta icónica, metáfora de fin de siglo y milenio, paradoja antiasumible y antiasimilable o contraste reivindicativo. Todo volcado sobre la memoria. El número uno tiembla como si quisiera sacarnos de nuestro letargo inmovilista. “La marcha que se celebró para protestar contra el asesinato de mi enésimo amigo fue silenciosa”, ¿no debería acaso ser más bien escandalosa, reclamante, vociferante?. Paradoja. La plasticidad de la noción pide un sitio. “El Silencio”: ¿catársis?, ¿reclamo?, ¿provocación?, ¿llamado vaginal para regresar al útero donde todo nos protege o eso creemos?. “El Silencio”: ¿proclama de convicciones?.

Pero volvamos a lo primigenio de la especulación generacional, es decir, a los referentes: Andy Warhol, Alejandro Jodorowski, underground, collage, el grupo Overou (resistiendo y desnudando, con su prosa y poética del absurdo, la época stalinista en la URSS), Elmer Mendoza reivindicando la lucha contra la trivialidad y el desamor, el gozo extemporáneo. ¿Silencio en palabras que reivindican lo perdurable, la palabra escrita? no la virtualidad globalizante, no lo evanescente, sino lo perdurable. ¿Romanticismo del primer medio siglo XX sinaloense representado en el Guacho Félix?. Sí, pero en 1999. La voz de la juventud impetuosa, resistente a lo programable, a lo difuso... juventud perenne (de su tiempo), irreverente.

Nace “El Silencio” silenciándose, es decir, matando en sí mismo el destino ominoso de callar. Como Atahualpa Yupanki diría: “le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí; que no se quede callado quien quiera vivir feliz”. Y, por tanto, ¿guardar silencio?.

En el silencio se cultivan las mejores artes. La frase siempre cimbraba nuestras vidas de emociones al calor de Zaratustra de Nietzche: guardar silencio para recuperar nuestra capacidad de asombro. Así sin contemplaciones, ni miedos, ni arrogancias, ni metáforas, ni confusiones, ni medias tintas, ni eufemismos, ni... El silencio se instaura. El número uno tiembla más que el diez que reza su precio que además, sabemos, es más simbólico que el cero. El silencio: ¿nace o se hace?.

Ir al útero, al fondo, a lo primigenio, al silencio ¿qué no de ahí nació el grito?. Cuando todo fue caos vino el silencio e instauró el orden. El mundo caótico y, unos pocos, felices de que así siga. En esta circunstancia pues, bienvenido “El Silencio” -¿qué no debería decir: bienvenida la silencio, es decir la revista?- y muchos años, mejor aún, muchos números de vida.

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