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Revista el Silencio [Sección Opinión, Columna Paréntesis]

¿Hacia dónde va El Silencio?

·Nacaveva MORALES·

 

 

En realidad la pregunta sobre el futuro de una revista como proyecto integral, es poco frecuente dentro de la misma. No intento instalar la respuesta dentro de la editorial necesaria de un primer número, sino en el documento de un colaborador, que busca continuar la discusión, la autocrítica, la búsqueda de la claridad dentro de un proyecto que se plantea diferente. Por tanto este documento no aspira, a dar respuesta a la interrogante, ni a fijar fines, sino a construir, acción que para nosotros implica tanto a los colaboradores como a los lectores, la respuesta necesaria.

Algunos comentarios acerca de El Silencio, sobre su irreverencia, sarcasmo o el simple «es diferente» son, tal vez, buenas señales, pero no podemos caer en el conformismo intelectual y propositivo, es necesario establecer horizontes más profundos; rebasar el mero hecho de contar con un espacio y con ello bajarnos una calentura que podría compararse al snobismo intelectualoide; aspiración muy recurrente en nuestros días por los escuderos de la verborrea institucionalizada.

Es necesario (indispensable) presentar una propuesta cultural a la sociedad (aquí hago referencia a cultura en el sentido más amplio, el abarcativo del quehacer cotidiano y los conceptos e ideas compartidos por la sociedad), que sirva como instrumento de entendimiento sobre la realidad.

En este fin de siglo la cultura se plantea como determinante; el sociólogo estadounidense Daniel Bell1 menciona en su libro «Las Contradicciones Culturales del Capitalismo» tres estructuras que conforman y dan forma a la sociedad: la tecnoeconómica (organización de la producción y la asignación de bienes y servicios), el orden político (poder social dentro de la representación y acción de las instituciones y los partidos) y la cultura. Tanto en la estructura tecnoeconómica como en el orden político, los cambios están limitados, por los recursos y costos para el primero y las estructuras burocráticas institucionales para el segundo. Pero tales límites no son los de la cultura, ésta se establece así misma los propios; dentro de los valores, tradiciones y necesidades de los pueblos. Se podría decir que en esta estructura existe cierta autonomía; no existe el entramado rígido que imposibilite la creación, debate y negociación de ideas para la injerencia social.

Atendiendo a esa importancia, la cultura aparece como el campo de batalla de las visiones olvidadas, las aspiraciones nuevas de las voces minorizadas y mayorías silenciadas que aspiran a la coexistencia de distintos mundos. Su lucha dentro de la cultura es por una identidad propia, no comprada, no rentada, no encontrada en una lata de supermercado o en el escaparate de la esquina, si por la identidad heredada históricamente y a la vez transformadora, esa que antepone la visión humana en toda su actividad.

Como consecuencia homogenizante, la cultura es también campo de batalla del poder; los medios masivos crean imágenes, conceptos, estereotipos y establecen estándares de conducta apuntalados por las instituciones y sus relaciones jerárquicas de meritocracia y dádiva. Todo este espectro obtiene como «producto de calidad» a un ser humano de actitud individualista, pragmático, apolítico e indiferente de su pasado y su futuro.

Por eso la evolución de las ideas y la negociación de los conceptos compartidos y en general, todos los procesos culturales, deben ser una actividad transformadora que inquiete las mentes y el imaginario colectivo de nuestra sociedad.

· Hay que destruir

Existe una concepción de las más inútiles y estériles del hombre sobre el hombre mismo: La Generación X, una de las invenciones de la mercadotecnia y el consumismo transnacional maquinada desde hace más de dos décadas, que ha resultado paradójicamente más «útiles» por toda su inmovilidad, enmarcada ésta en los conceptos estériles de sociedad e individuo, llegando incluso a transgredir significados que eran sinónimos de cambio y convirtiéndolos en meros plafones de la sociedad. Como la «rebeldía» y los «rebeldes» que hoy visten de superficialidad su oposición, hablan con balas de salva de cambio y cantan gozosamente «me vale todo», (claro ejemplo de que la rebeldía hueca también es redituable para el consumismo). También la «irreverencia»; hablemos de sexo, drogas, reventón y sentémonos luego a disfrutar del no cambio, de nuestra facilidad de adaptarnos al sistema, pero con la mascarada de rebeldes, como la Televisión manda. La «política», esa palabra solo debe ser administrada por los políticos profesionales y como consecuencia, nuestros gritos deben ser apolíticos; el escritor sólo hace referencia a la introspección, exalta su individualismo y las necesidades primarias; el estudiante se enfoca a su formación académica de «excelencia» rebozada de pragmatismo sin criterio; el ciudadano asalariado, semiasalariado o seudo-asalariado (o sea el común) sufre de una amnesia histórica, no existe esa ligadura con el pasado, no se utiliza el vehículo necesario para establecernos en situaciones anteriores, para conocer nuestro presente y proyectar nuestro futuro, es decir, no hacemos uso del lenguaje, de la comunicación, que tiene que ver con la formación de los conceptos compartidos, que posibilite la sorpresa de encontrarnos todos, en un solo espacio, tiempo, en el tramo de la historia que nos toca transformar, no sólo vivir.

Podemos continuar con los ejemplos, sólo agregaremos que la Generación X es un concepto que se ensancha con todos los defectos del individualismo y encuentra hoy, un nuevo impulso con la Globalización y el Neoliberalismo, (conceptos que ya tendremos una próxima oportunidad de explicarlos).

· Para construir

¿Qué construir?, (una pregunta más difícil de hacer que de contestar). Primero precisemos que concebimos el proyecto de El Silencio como colectivo y nuestra respuesta no está en un documento, además no aspiramos a fines, a metas, esto sería un conformismo a largo plazo, agotar desde hoy nuestra posibilidades futuras. La idea es continuar el largo camino de la humanidad por humanizarse.

Como primeros pasos es necesario construir esos conceptos que nos han arrebatado: rebeldía, compromiso, historia, irreverencia, conciencia social, etc., debemos fijar las medidas de las palabras; robustecerlas con alternativas, hacerlas incisivas del conformismo y la apatía, situar lo construido como concepciones no desligadas de una realidad circundante sino, al contrario, que tienen su vertiente en todas las contradicciones, injusticias y relaciones de la sociedad misma.

También el camino necesario es la presentación de una propuesta cultural alternativa a la del individualismo, una que plante la formación y transformación social de la mente para rebasar el control institucional a través de la crítica, la discusión, la proposición, esto es, por medio del lenguaje; la herramienta necesaria para esa metamorfosis. El lenguaje es el responsable de la formación de la mente, (Vygotsky, 1988)2. Esto se explica en tanto que nuestra realidad no se nos da de manera directa sino a través de los símbolos y conceptos que se han ido construyendo y transformando durante la historia filo y ontogénetica del hombre (No nacemos sabiendo ni traemos el conocimiento en los genes, nos enseñan lo que otros ya han conocido) entonces el conocimiento tiene un origen semiótico.

La respuesta de ¿Hacia dónde va el Silencio? pienso, implica mucho más que mencionar la alternatividad de la publicación. Lo alternativo debe reflejarse en la propuesta de sus escritos y en la destrucción de los conceptos light para construir una disyuntiva revolucionaria, además, este proceso implica otras actividades alrededor de El Silencio: la creación de foros, propuestas musicales, eventos culturales, conciertos, etc. La actividad de esta revista solamente es una parte de la respuesta al cuestionamiento inicial.

1 BELL, Daniel. «Las contradicciones culturales del capitalismo»,

2 VYGOTSKY, Lev S. «Pensamiento y Lenguaje», Ediciones Quinto Sol

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